Ante la misoginia, necesitamos más feminismo

Miguel Lázaro y Anselmo Hernández

El jueves 28 de febrero el grupo de WhatsApp de AHIGE Madrid entró en ebullición cuando nos enteramos de que HazteOír sacaba a pasear por Madrid un autobús con la cara de Adolf Hitler y la leyenda “#StopFeminazis”. El rechazo y el consenso fue unánime: tenemos que hacer algo. Enseguida un compañero se mostró dispuesto a cambiar inmediatamente su turno de trabajo y propuso comprar un hule, pintar un mensaje con spray y seguir en su moto el autobús desplegando la pancarta allí donde se parase. Pero fue todo demasiado apresurado y nadie podía acompañarle, por lo que decidimos esperar pese a la frustración del compañero motero (y de algún socio que comentaba, por privado, si no habíamos vuelto a ser presas de nuestra propia zona de confort y privilegio masculino).

El día siguiente todos los medios hablaron de la provocadora acción de HazteOír y nuestra indignación aumentó. En torno a mediodía nos enteramos de que el bus estaba estacionado en la plaza de toros de Las Ventas, por lo que nos lo tomamos como una segunda oportunidad para, esta vez sí, pasar a la acción.

“Lo que hay que derogar es el machismo”, “Ni machista ni feminista, hitleriano”, “El que a Hitler huele, debajo lo tiene”, “Hitler donde está bien es en la cocina”, entre otras propuestas. Hicimos tormenta de ideas para el lema de la pancarta hasta que nos decantamos por “Sois la prueba de que necesitamos feminismo”. Solo quedaba estamparlo en una lona blanca (más difícil de encontrar de lo que se podría pensar), y lo hicimos con un truco de una amiga activista, que compartimos para acciones futuras: algodón empapado en tinta permanente, que se vende en botes de recarga en papelerías.

De la indignación a la acción

Un compañero pasó por Ventas a eso de las 16:00 y ahí estaba el autobús con un par de señores al lado y un cámara de televisión. ¿Cómo enterarse de si va a seguir el tiempo suficiente hasta que lleguen refuerzos? El cámara de TV llevaba una pulsera con los colores de la república. “Este es aliado”, se dice a sí mismo, así que le pregunta, pero este no sabe gran cosa. Se dirige a uno de los que parece formar parte de la organización, “¿Qué, hoy también salís a hacer ruta?”. “Sí, a las 7 de la tarde”. Bingo.

Chivatazo al chat y en poco más de una hora nos hemos juntado siete compañeros, uno de ellos hasta se trae a su hijo en el portabebés… ¡Esto sí que es conciliar! Pero cuando nos reunimos nos encontramos con una cámara de televisión y una reportera de Cuatro TV haciendo preguntas al mismo tipo que nos informó de que el bus salía a las siete, Luis Losada, y ni más ni menos que a Marina Marroquí. Ella es superviviente de violencia de género y activista feminista, un referente para nosotros, así que nos sentimos desconcertados porque no queríamos robarle el protagonismo y entendimos que ya le estaba rebatiendo en televisión como merece. Así que decidimos esperar.

Había un corrillo de una veintena de personas, la mayoría adolescentes, que contemplaban la escena sin llegar a saber si estaban ahí en apoyo al bus o porque lo rechazaban. ¿Qué hicimos? Sabíamos que en cuanto saliéramos en plano la atención iba a venir hacia nosotros y, como siempre, dudamos sobre la legitimidad de nuestro protagonismo. No estaba previsto que estuviera allí la televisión, y menos aún, una feminista rebatiendo el discurso de HazteOír. Dudamos porque no queríamos interrumpirla y porque, aunque nos habían visto, no nos hicieron ninguna señal, ningún gesto. El eterno dilema de nuestro papel como hombres en la lucha por la igualdad se nos planteaba en toda su crudeza: estamos allí porque queremos mostrar nuestro rechazo al bus del odio, pero sabemos que en cuanto lo hagamos acapararemos el protagonismo, robándoselo a las mujeres feministas encarnadas ahí por Marina Marroquí.

Pero el careo no cesaba y, tras esperar unos 20 minutos, decidimos pasar a la acción, desplegamos la pancarta y nos pusimos delante del autobús. Como era previsible, la reportera y el cámara vinieron hacia nosotros, nos preguntaron, filmaron nuestros carteles: “El machismo mata”, “Las feminazis como los unicornios no existen”, “Hombres contra nuestro machismo”. Vimos con satisfacción y cierto alivio cómo el grupo de adolescentes nos aplaudía y les invitamos a que se pusieran con nosotros, a que sujetasen las pancartas, a que mostrasen su rechazo.

Eran chicos y chicas de unos 16 años que habían quedado para pasar la tarde y nos contaron que estaban alucinando con que se pudiera pasear impunemente por Madrid la cara de Hitler y mensajes negacionistas de la violencia machista. Nos dieron esperanzas respecto a las nuevas generaciones.

Rompiendo el efecto espectador

Con nuestra aparición, el careo televisivo entre Marina Marroquí y Luis Losada se convirtió en un pequeño barullo. Nos pidieron declaraciones, la chavalada se animó a pegar con chicles nuestros carteles en el autobús, un viandante nos insultó diciendo que su exmujer le provocó un ictus por una denuncia falsa, Luis Losada discutía con nosotros y hasta aparecieron simultáneamente tres coches de la Policía Nacional que se fueron en cuanto se cercioraron de que no pasaba nada.

Nos quedamos estupefactos cuando el portavoz de HazteOír acusó a Cuatro TV y el programa “Cuatro al día” de Carme Chaparro de organizar nuestra acción. Lo desmentimos en directo y lo mismo hicieron las periodistas, pero daba igual, repetía la mentira y ahondaba en la teoría de la conspiración y el victimismo.

Cuando el equipo de TV empezó a recoger decidimos quedarnos delante del autobús e intentar retrasar su salida lo máximo posible. Luis Losada nos dijo que si no nos íbamos llamará a la policía, y lo hizo. Los mismos tres coches aparecieron de nuevo simultáneamente desde diversos lugares. “¿Cómo es posible que se pueda pasear la cara de Hitler sin que inmovilicen el autobús?”, les dijimos. “¿Dónde está eso?”, preguntó un agente, y se lo mostramos. Pero no le pareció suficiente y nos dijo que debíamos dejar salir el vehículo, que se alejaba acompañado de una sonora pitada y cortes de mangas de la gente que se había congregado alrededor.

Aunque no conseguimos evitar que el autobús del odio circulara por Madrid nos consideramos muy satisfechos por haber sido capaces de organizarnos en solo 24 horas y, especialmente, muy afortunados por haber coincidido con la televisión y que la acción tuviera tal impacto mediático.

Para toda la delegación madrileña de AHIGE y para la asociación en su conjunto fue muy estimulante mostrar pacíficamente nuestro absoluto rechazo y decirles que son “la prueba de que necesitamos más feminismo”.  Ser considerados “radicales” y “supremacistas” por HazteOír, fue un motivo extra de orgullo.