Círculo Virtual de Hombres en AHIGE Castilla-La Mancha

Eduardo Martínez, Jorge Sánchez-Manjavaca y Luis Zamarreño

Castilla-La Mancha es una comunidad muy grande, con pequeños y medianos pueblos, pero también con grandes ciudades repartidas y separadas entre grandes trechos de cultivos, zonas protegidas, caminos rurales y zonas en tendencia a la despoblación. Lo cierto es que esta zona de España no es indiferente a la “revolución” que hemos tomado los hombres de preguntarnos cuál es nuestra labor en el feminismo, en la consecución real de una igualdad de facto y la “reformulación” de un sistema que invisibiliza a la mujer, a los cuidados y nos aferra a un papel de hombre, en una masculinidad tradicional e incompatible con estos valores que ha hecho renacer la nueva Ola del Feminismo en la que habitamos y de la que gran parte de nuestra transformación bebe.

Muchos de los que habitamos las redes encontramos en ella espacios educativos, de formación, de información y también de entretenimiento. Internet, con sus cosas buenas y con sus cosas mejorables, es también esto. Pensar que solo es un espacio para el odio, la manipulación informativa y para modelos de sexualidad tóxicos es perder de vista el paisaje completo. En otras palabras, es tomar la parte por el todo.

En nuestro foro virtual salió una vez esa idea, hubo un interés tímido, pero se mantuvo hasta que se propuso en marzo de 2019 realizar la primera actividad. Esta sesión era la más emocionante, ya que resultaba una prueba, un testeo, para corroborar si el interés era o no real. Finalmente, fuimos 4 hombres los que dimos el paso en la primera y en la segunda sesión. Estamos intentando abrir el espacio a más personas de AHIGE a nivel nacional para que seamos un grupo heterogéneo en el que distintas experiencias tengan cabida. Ojalá podamos crecer, pero moderadamente. Sabemos que un grupo de hombres, en 60 minutos de tiempo, necesita intimidad y tiempo; y, cuanto más crece el grupo, menos tiempo tenemos de participación.

Aunque no se tenga contacto directo, verse las caras y escucharse da una sensación de cierta cercanía, mucho más que por email u otro medio escrito; es lo más similar a un círculo presencial, pero sin barreras de distancia. La sensación es de estar entre amigos, es cómoda, no hay vergüenza de hablar de cualquier tema porque sabes que no te van a mirar “raro” ni va a haber ataques verbales. También surgen temas y debates que no se tendrían en otro tipo de círculos y que muchas veces ni siquiera nos planteamos. Tengo la sensación de que ya vamos entrando en calor, con el tercer círculo, vamos generando confianza, apertura, diálogo, me encanta esta sensación…

Hemos abordado la idea y la definición de lo que es ser “hombre”. Aunque parezca simple, no lo es. Se puede ver desde diversos puntos de vista (de género, de sexo, de rol…), y cada persona lo vive de forma diferente según sus vivencias y experiencias. Del último encuentro, me ha despertado especial interés una frase que uno de nosotros aportó sobre la sexualidad, he encontrado un texto que nos puede servir de entrada para dialogar sobre este tema tan “intratable” entre hombres. Además hemos abordado la idea de “aliado” o de “hombre feminista” en la última sesión gracias al libro El Aliado de Iván Repila. Cualquier texto que nos ayude a replantearnos nos estimula y nos ayuda a seguir en este proceso de transformación.

Estos círculos, sobre todo, ayudan a compartir experiencias, debatir y tratar temas que serían difíciles o imposibles de abordar en otro tipo de círculos. De ahí, pueden surgir planteamientos que nunca habías pensado, o solo de forma superficial, además de conocer puntos de vista diversos.

Aunque lo que más nos llena es sentirnos acompañados. Sabernos en las mismas luchas y las mismas causas. Estamos aquí, aunque los espacios virtuales pudieran parecer lejanos, pero estamos. En nuestros círculos habituales no tenemos a nadie o a casi nadie. Incluso a veces tenemos que lidiar con compañías que saben nuestra forma de pensar y a veces te enfrentas, pero otras veces que te sientes agotado, abrumado desistes y permaneces en silencio. Suena a cobardía, pero también tenemos que pensar en nuestros autocuidados. Estar en constante batalla con compañeros que no quieren ni parecen tener ánimo de replantearse o reflexionar sobre su masculinidad es agotador. Por lo tanto, un grupo de compañeros que están en sintonía contigo, aunque sea una vez al mes, es algo revitalizante.

Sería posible extrapolarlo a mayor nivel, aunque con dificultad si el número de participantes fuera alto. En entornos privados es posible, pero con gente abierta que no se cierre a tratar todo tipo de temas y escuchar opiniones diversas. Con la familia y amigos, depende de con quién, muchas veces hay vergüenza a tratar ciertos temas por pensar que no vas a ser comprendido, vas a ser atacado o te van a “mirar mal”, aunque si te atreves te puedes sorprender.

En mi caso (Eduardo) como educador social, no dejo de darle vueltas a una propuesta de grupo de hombres que me permita verbalizar la necesidad de los hombres de encontrarnos, de hablar de nuestros dolores, de nuestros sufrimientos, de nuestras conductas, de nuestras hormonas, de nuestros riesgos, normalizando consumos de alcohol y otras drogas, conductas violentas y poco atentas hacia las personas que nos rodean, incluso de abandono hacia la propia persona, encontrándome con hombres con viviendas en condiciones infrahumanas, condiciones higiénicas deficitarias, ropas sucias, sin hábitos adecuados de alimentación, con múltiples enfermedades e incluso trastornos mentales… Lo dicho, estoy profundizando, hilando un proyecto de grupo de hombres en localidades pequeñas de población de la provincia de Albacete, con invitación personal a cada hombre, que permita el comienzo del encuentro y una continuidad…