¿Por qué soy activista?

Txema Olleta. Presidente de AHIGE

Quienes llevamos muchos años participando en colectivos sociales sabemos de la necesidad de implicarnos de manera activa en las luchas sociales. Mucho se habla de activismo, pero, ¿sabemos realmente a qué nos referimos cuando hablamos sobre ello, o será simplemente una moda?

El activismo hace referencia a la actitud y acciones que adoptan las personas cuando quieren cambiar las cosas a través de propuestas y proyectos que involucran el mejoramiento de toda la sociedad o de una población marginada. Pero también cuando se vulneran derechos fundamentales, ante lo cual se decide tomar parte activa y trabajar para lograr una sociedad más justa e igualitaria.

AHIGE no es ajena a esta definición. De hecho, AHIGE es en sí misma una organización activista. Las tres patas que nos definen (la profesional, la personal y la social) están íntimamente interrelacionadas en una unidad de acción transversal. Cuando un experto o un profesional trabajan con hombres su masculinidad en un taller o en una consulta, hacen activismo. Cuando trabajamos en los grupos de hombres aunque sean pequeños, hacemos activismo social. Cuando salimos a las calles en las ruedas o sacamos notas de prensa, hacemos activismo. Pero a veces se nos olvida que un taller o una consulta o una reunión de un grupo de hombres o una rueda, duran lo que duran, una hora o dos.

Y es aquí donde me gustaría incidir, en ese activismo que es imprescindible en el día a día, hora a hora, minuto a minuto, fuera de los espacios de confort que son la consulta o el taller, el grupo, la rueda… Si queremos cambiar esta sociedad, si queremos transformarla en una sociedad plenamente igualitaria y libre de discriminaciones y violencia, tenemos que activar nuestro trabajo voluntario, al margen de nuestras responsabilidades profesionales. Lo contrario sería hacernos trampas al solitario. Yo también hago activismo en mi colegio, durante mi jornada laboral, cuando estoy con las criaturas y les corrijo actitudes machistas o violentas, pero eso dura lo que dura mi jornada. Y el patriarcado no tiene jornada laboral. Está presente las 24 horas del día. Por eso se hace imprescindible que ejerzamos nuestro activismo de forma permanente en todos los ámbitos donde nos movemos: la familia, la cuadrilla, los amigos, los compañeros… Y también en todos los espacios donde nos movemos, incluido AHIGE, tan necesitado de activismo personal y voluntario.

Para acercarnos a los cambios que proponemos, tan importante como saber hacia dónde queremos ir es saber dónde estamos realmente (individual y colectivamente) para, desde ahí, diseñar con realismo los siguientes pasos a dar. Sin embargo, en muchas ocasiones nos autoengañamos pensando que por el hecho de desear y de haber decidido ser horizontales, igualitarios, no sexistas… por arte de magia lo conseguimos, sin necesidad de hacer nada. Entonces nuestro activismo entra en crisis. Las emociones son protagonistas de muchos de los conflictos a los que nos enfrentamos, y de su posible solución o escalada. Condicionan todas las facetas del trabajo individual y grupal: cohesión interna, motivación, implicación, participación, toma de decisiones… Si no abordamos las emociones desde la legitimidad y la consciencia colectiva, seguirán campando a sus anchas, condicionando nuestro trabajo y deteriorando las relaciones del grupo. En este sentido, tener consciencia de nuestro trabajo grupal y apoyarnos los unos en los otros como colectivo nos puede ayudar a superar esos momentos de crisis y hacer nuestro activismo más efectivo.

Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Por qué soy activista?

Por un lado, porque tengo conciencia de lo que es la justicia social, con una capacidad de análisis de la sociedad en la que vivimos, una sociedad de clases, de pobres y ricos. Por otro lado, el convencimiento de que la organización colectiva es imprescindible para mejorar la situación desigual en la que vivimos. Y, en el caso del feminismo (que no de todos los/as activistas, por desgracia) y la conciencia de género, de las desigualdades que provoca y de la necesidad de luchar contra este sistema.

Por eso soy activista de AHIGE, porque representa todo eso que me mueve, porque es un espacio imprescindible para luchar por la transformación de esta sociedad patriarcal en otra plenamente igualitaria. Y por eso mi activismo en AHIGE trasciende más allá de mi compromiso profesional, integrándose en mi vida las 24 horas del día.

Y ahora te pregunto: ¿Por qué eres tú activista? Lo dejo para que tú también reflexiones sobre ello.