Activismo integral

Alejandro Abreu

En mi infancia aprendí a vivir y a convivir, y nos retaban a pensar y a actuar sin violencia; por ello, me considero privilegiado, viendo los tiempos de retroceso que vivimos. De ahí, y partiendo de esta base, considero que la educación tiene un papel crucial en nuestras vidas. No es lo mismo que te adiestren en una escuela conducida por tecnócratas, a que te den educación docentes implicados/as en enseñar cosas útiles para llevar una vida crítica. Luego, recuerdo que desde mi juventud, y sin darme cuenta, me he visto implicado en colectivos sociales, plataformas y asociaciones que trabajan por la inclusión, el respeto a las diversidades y el apoyo a formas de vida disidentes con el sistema capitalista.

He viajado por este mundo, moviéndome y estando en el mismo sitio; con la mente abierta esto es posible, porque aprender de mis semejantes es la compañía de viajes más económica que conozco. Y cuantas más experiencias tengo en este mundo caótico, nace en mi más necesidad de encontrarle sentido. En estos viajes, una de las cosas más asombrosas que he aprendido con mis maestras y maestros de la vida es que en la naturaleza humana existen impulsos que nos llevan a apoyarnos mutuamente para ser mejores personas, pero también existen impulsos que nos llevan a oprimirnos. De este modo tanto sometemos a las demás personas, nos sometemos o nos rebelamos contra la opresión. Según el psicoanalista humanista Erich Fromm, vivimos inmersos, sin darnos cuenta, en relaciones sadomasoquistas; en esta sociedad desigualitaria, unas personas juegan a dominar y otras, a ser dominados; y, por una mala suerte de organización social jerárquica, a su vez, quienes son dominadas por una lado, dominan a otras que consideran inferiores. Por lo visto todos las personas jugamos a este juego macabro.

Otro descubrimiento que me horrorizó y me preocupa es ver a personas que dicen luchar contra una opresión, haciendo cosas en su vida cotidiana que oprimen a otra; marxistas machistas, ecologistas que consumen en grandes superficies, humanistas narcisistas, socialistas totalitarios…, yo pensaba que los peores eran los opresores conscientes de su abuso deliberado, pero no hay peores ni mejores, todos oprimimos. Mucho tiempo viví con un dolor en el pecho, sabiendo de la opresión dentro de las filas revolucionarias; pero, lo más aterrador fue descubrirme a mí mismo como opresor, en el fondo de mis entrañas. ¿Cómo puede ser esto posible? Una vida dedicada a la lucha por un mundo mejor para descubrir que nada cambiará sin que yo cambie. ¡Menudo descubrimiento! Cuando la humanidad descubrió la penicilina, miles de personas dejaron de sufrir. Cuando yo descubrí que mis actos pueden someter y apoyar una mala suerte de hegemonía que apoya la opresión, empecé a sufrir el desgarramiento y el derrumbe de mis certezas. Saber que cada cosa que hago o digo puede estar apoyando alguna causa injusta y, por tanto, oprimiendo a alguien, por conciencia, me obligó desde entonces a revisarme a mí mismo. De nada vale reivindicar afuera lo que ni siquiera yo soy capaz de aplicar en mi vida cotidiana.

Gran parte de la educación recibida ha sido un adiestramiento para asumir como normal que unas personas abusen de otras; que esta sociedad me da privilegios a mí, para que otras personas sufran por ello, en una sistema que se basa en el abuso y que lo perpetúa.

Cada día, como joven adulto, me miro al espejo en busca de los rasgos que quiero tener para ser un hombre igualitario; cada día me miro al espejo para saber mirar y detectar en mi ser el racismo, el egoísmo, el machismo, el narcisismo…, para cambiarlos y ser, ya no el hombre que quieren programarme que sea, sino el hombre que yo quiero ser: un hombre sin violencia.

Entre hombres y mujeres que buscan vivir sin violencia tengo mi casa, porque en el espejo de mis compañeros y compañeras feministas aprendo a mirar al hombre machista que me habita, para transformarlo en un hombre que no teme a la libertad.

AHIGE es una gran familia de hombres igualitarios, nosotros siempre decimos que Todo hombre es una revolución interior pendiente”, y desde los movimientos sociales que realmente estamos cambiando el mundo a mejor, decimos que Toda revolución exterior, requiere de una revolución interior”. Gracias, compañeros y compañeras de viaje. La lucha (interior y exterior) continúa.