Putas, marimachos, bolleras, maricas y nenazas frente a la nada adulta en los IES

Por Álvaro Ruiz Garriga

Fragmentos de la nada adulta en un IES

Lunes por la mañana, pasillos de un IES de la zona del Aljarafe (Sevilla) en una Andalucía ya gobernada por fuerzas neofranquistas que pretenden hacer política de la misoginia y la LGTBI+fobia. Por los pasillos me para Q y me comenta que está fatal. Según él, su madre le ha insultado esa mañana, le ha llamado puta, se ha enfadado con él por ir al instituto con minifalda y medias de encaje. Le ha tirado de la falda en un intento que parece desesperado por arrancársela antes de que fuera al IES. Ya no es solo que Q decesite[i] performar lo femenino para tener lugar en el restringido campo de la expresión de género en este contexto, sino que además decide performar una feminidad estigmatizada incluso para las mujeres, una feminidad “excesiva”, puta.

Al menos, me comenta Q, le han atendido por fin en Dirección. Y es que, la última vez que lo encontré por los pasillos estaba quejándose, con tono de resignación aparentemente acostumbrada, de que unos niños de 1º de ESO le habían tirado piedras en el recreo. Resulta que al llegar a Dirección a notificar la queja le reprocharon que no estuviera en su clase una vez acabado el recreo. “Es que me han tirado piedras”. Es que le habían tirado piedras por tratar de ser él, por tratar de ser ella, por cuestionar eso del él y el ella, por tratar de tener lugar en un contexto hostil de relativa restricción, homogeneidad y vigilancia de género.

Me ha comentado Q que le han tirado piedras en el recreo

Ay, es que el pobre está fatal- me comenta una profesora al respecto.

En ese momento recuerdo algo que leí acerca de transfobia y homofobia en centros educativos y cómo estos tendían a transformar la diferencia en “casos” y a psicologizarlos. Pero, ¿estamos ante un caso psi llamado Q? ¿O es que Q pone en evidencia que el caso es la cultura machista y hetero-sexista de la que ningún IES en su conjunto es ajeno? ¿No somos todxs el caso, incluido el profesorado, la directiva, el PAS y el AMPA?

Le pido a un tutor de un curso de 3º ESO que me ayude con la clase, que está segregada por género y el grupo de chicos dominantes está al fondo acaparando la voz y el espacio, creando bloque de oposición a los talleres frente a las chicas silenciadas, que les doblan el número. Él me responde que no piensa cambiarles de sitio, que permite que se sienten como quieran. Añade que no está de acuerdo con mis talleres, que él es víctima de violencia de género y de denuncia falsa por parte de una mujer, y que si no hablo de los hombres maltratados piensa intervenir. Esta conversación transcurre delante de la Orientadora en su despacho. Para evitar el conflicto y la pugna de autoridad frente al alumnado dejo de asistir a ese curso hasta que el IES, el “mundo adulto”, intervenga y me permita trabajar sin amenazas. Pero nada ocurre, nadie interviene y el alumnado queda sin recibir los talleres.

En un aula de 2º de ESO un chico mira por la ventana mientras transcurre el taller, se niega a hacer el ejercicio con sus compañerxs de grupo y tiene actitud de indolencia pasiva. Al rato veo que no está. La profesora, sin consultarme, le ha dejado ir al baño. Pasados 15 minutos le hago notar que no ha ido al baño y el chico aparece al final de la sesión. La profesora habla con él mientras recogemos al acabar, se acerca y me dice que el chico no está conforme con mi taller y que ella le ha dicho que no pasa nada, que ser machista no es malo, que hay que respetar todas las posturas. No doy crédito, primero por la simplificación moralista y luego por el cinismo relativista. Le pregunto si le hubiera dicho que ser racista no es malo y trata de justificarse.

Unas chicas de 3º de ESO vienen a quejarse de que su profesora de Ciudadanía ha dedicado la clase a hablar contra la financiación pública de operaciones para personas transexuales. Conversando con otra profesora joven me dice que el robo de bebés en el franquismo no es machismo, que es “ideología”. Profesora de Historia, por cierto. Mientras, en un taller, un chico de 3º ESO me dice: no entiendo por qué nos dan tantos talleres sobre estos temas, pienso que estos talleres deberían dárselos a las personas adultas sobre todo.

“Sobre todo” no, pero razón no le falta

No se trata de contraponer mundo adolescente y mundo adulto en la necesidad de promover una ética y una sensibilidad feminista, pero parece que, a medida que un sector del mundo adulto hace esfuerzos por promoverla en el mundo adolescente (y, por desgracia, no tanto desde la infancia[ii]), más se acentúa la percepción mutua de machismo. Adultxs que acusan a nuevas generaciones de ser más machistas que antes (aunque nunca se termina de situar ese “antes” ni los indicadores comparativos); adolescentes que acusan a adultxs de ser más machistas que ellxs.

Pero el mundo adolescente es un reflejo o una caja de resonancia del mundo adulto. No son dos grupos simétricos: el mundo adulto tiene el poder edadista, con lo cual, como pasa con nosotros los hombres como grupo de poder hetero-sexista, tiene la capacidad de autogenerar una imagen purificada de sí, proyectar el mal sobre otros grupos de edad, de clase, otros países, culturas o épocas (hasta llegar a crear moral panic[iii] incluso) y evitar o solapar el conflicto intragrupo en el presente. Al menos es esto lo que se respira en un centro educativo cuando lxs adultxs no se exponen ni se sienten interpeladxs por los programas coeducativos. Como si el hecho de ocupar la posición adulta implicara que el machismo no está en nosotrxs y fuera exclusivamente un problema adolescente a atajar, con su reguetón, su perreo y su consumo de porno. O peor aún, su “pérdida de valores”, lo que es a todas luces un discurso negacionista y autopurificador, igualmente utilizable por la izquierda y por la derecha. Negacionismo que, claro está, resuena en parte del alumnado.

Si rascamos un poco nos encontramos con el miedo a ser considerado racista, machista, homófobo o cualquier otro rasgo «culpabilizador» considerado «malo» y como tal, nadie quiere identificarse con algo peyorativo en ese nivel y silenciamos voces críticas con el objeto de velar por nuestro honor como un privilegio irrenunciable. Donde hay miedo no hay razón y tampoco pensamiento crítico. Por eso hay miedo a que te acusen de machista, pero no a serlo.[iv]

Cuando desde el mundo adulto repetimos como un mantra que “esto sólo lo cambia la educación” y que “queda mucho por hacer”, obviando las estructuras y lobbies de poder, solemos hacerlo desde una imagen ilustrada, lineal y evolutiva del cambio social, donde una generación mayor y autoproclamada consciente transmite a la otra más joven los saberes necesarios para una buena vida y una mejora generacional. Al final todo depende de una edución cada vez más psicologizada, desaparecen las estructuras de poder a transformar políticamente. Sin embargo, también se advierte cierta inversión del saber cuando el alumnado demanda formación para el profesorado (por no hablar de políticxs, diseñadorxs educativxs, jueces u otros grupos adultos de poder). Esto se percibe cuando piden, por ejemplo, que se les imparta formación para tratar al alumnado según el género en que vive y no el que tiene asignado en la ficha[v]. O cuando te piden tratar en clase los grupos de ultraderecha o el porno y el mundo adulto reacciona demandándote que no respondas a sus demandas y hagas algo más “moderado” en pro de la evitación del conflicto adulto.

Y es que, desde su perspectiva, no debe ser fácil darle sentido a la contradicción que suponemos lxs adultxs cuando ya los estereotipos y normas de género se han hecho cuerpo en nosotrxs y les dejamos como legado un mundo cada vez más injusto, desigual, deteriorado, “manadista” y “trumpista” mientras les pedimos desde la incertidumbre que generen otro mundo renovado y mejor. La fragmentación política del mundo adulto y el acogimiento de discursos y políticas de ultraderecha en democracia no hace más que alimentar esa contradicción y ese reproche generacional.

Interrogar sobre violencias del género: lo que ya saben de misoginia y LGTBI+fobia

Enero de 2019, en el IES de otro pueblo de la zona trabajamos normas y estereotipos de género a través de los insultos. Vemos como puta, bollera y marimacho sirven para presionar para que las ellas se feminicen, y cómo maricón y nenaza para que los ellos se masculinicen, todo en un marco de presuposición heterosexualista. El enfoque que les propongo, inspirado en el feminismo queer, es evidenciar las normas de género y cuestionar la idea de normalidad a través del uso y efectos de los insultos heterosexistas que cotidianamente se escuchan en el aula, los pasillos, el patio, la placita, la casa, las redes o las letras de sus cantantes de moda[vi].

El enfoque provoca visitas a la mesa al acabar las sesiones. Una chica de 13 años me cuenta que sus dificultades para aceptar su orientación sexual la habían llevado a autolesionarse con cortes en los antebrazos y muñecas el año anterior. Otra chica se acerca a comentarme que antes era chico y que poca gente en este IES lo sabe (se cambió de centro al transitar), que le han llamado de marica a marimacho toda su infancia y que ya le resbalaban los insultos. Otrxs se acercan y se quedan en silencio, como queriendo contarte algo, como queriendo que les digas algo o como si se aproximaran a un espacio de aceptación y seguridad sin más antes de que salgas a toda prisa hacia el siguiente aula…

A partir de los insultos se pone de manifiesto que hay estereotipos y normas de género que vienen regulando desde la infancia la relación con nuestros cuerpos, nuestras gestualidades, nuestra expresividad de género, nuestros juegos de infancia y adolescencia, nuestros deseos eróticos, nuestras amistades, nuestros gustos y habitus culturales, nuestra proyección hacia el futuro, etc. Todo ello guiado por la jerarquía heterosexual masculino-femenino. El análisis de insultos coloca el problema en las violencias de género que nos constituyen y ejercemos, y no en las personas que viven en el perímetro de lo sancionado por la heteronormatividad.

Los ideales de chico normal (marcados por la figura del héroe como personaje activo y protagónico) y de chica normal (marcados por la figura de la princesa como personaje pasivo y secundario) aparecen como un subproducto del control y autocontrol inducido por las normas de género y sus castigos asociados, los cuales funcionan como fuerza de reproducción de un orden social patriarcal a través de la organización generizada de los cuerpos. Las normas presionan hacia la cisexualidad y la heterosexualidad, es decir, se parte de la presuposición de heterosexualidad para definir dos personajes dependientes y jerarquizados entre sí, de manera que los diagnosticados ‘hombre’ al nacer se socialicen en lo socialmente construido como masculino y que las asignadas ‘mujer’ al nacer se socialicen en lo construido como femenino.

En parte, para que esta operación tenga éxito, o suficiente éxito, se ha de vigilar y autovigilar la correspondencia esperada, lo que depende de una verdadera maraña de prácticas, aspectos corporales, usos del cuerpo, gustos, fantasías, deseos, composiciones de grupo y modos de relación vigilados y sancionados por las normas de género. Esta maraña de violencias misóginas, homófobas y tránsfobas nos constituyen como sociedad de conjunto y se expresan con toda claridad en el ecosistema escolar adolescente cuando este es interrogado (como insinué más arriba, la dificultad y resistencia del personal educativo para ser interrogado sobre su propio heterosexismo es un síntoma de su poder adultocrático).

Como muestra ofrezco más abajo un listado realizado en grupos por alumnado de 4º de ESO durante mayo de 2019 a partir de la pregunta por los “motivos” para el insulto de género (puta, marimacho, bollera, maricón y nenaza), a la luz de los cuales se construye en buena medida la imagen social adolescente y sus jerarquías de “reputación”. Cada uno de estos insultos expresa aspectos punitivos de la heteronormatividad que prefiguran los ideales de “chica normal” y “chico normal” a través de la limitación y la reconducción de las capacidades y formas corporales, expresivas y relacionales humanas:

– Lo puta castiga una feminidad “excesiva” a través de la estigmatización y culpabilización de la sexualidad autónoma y visible de las mujeres en principio, aunque al tratarse del lugar social estigmatizado para las mujeres por excelencia se extrapola a cualquier situación en las que estas disfrutan de la misma o mayor libertad y/o autoridad que los hombres. Siempre enemistadas entre las buenas y las malas en el relato androcéntrico, lo puta también vehiculiza la rivalidad entre las mujeres.

– Lo marimacho sanciona la expresividad y los roles masculinizados en las mujeres, presuponiendo la feminidad obligatoria en ellas como expresión de estatus de inferioridad. Así mismo, la mentalidad machista tiende a atribuir homosexualidad a las mujeres masculinas, confundiendo género y sexualidad. Junto con lo puta, lo marimacho pretende sancionar el acceso de las mujeres al estatus de superioridad.

– Lo bollera castiga la no disponibilidad erótico-sexual de las mujeres para los hombres heterosexuales. En la imaginación machista se hace perceptible a través del afecto erótico claramente visible entre mujeres, pero sobre todo a través de la masculinidad, persistiendo en la confusión entre género y sexualidad. Lo bollera se hace visible en el imaginario machista a través de la masculinidad en las mujeres, como si lo lesbiano tuviera que corresponder a las mujeres femeninas, que sí aparecen como sexualizables en el imaginario de consumo pornográfico de los hombres.

– Lo maricón crea un lugar de sanción condenando la homosexualidad entre hombres y presiona para que estos sean aceptables como masculinos. Además, de nuevo se toma género por sexualidad, presuponiendo la feminidad en los hombres homosexuales, feminidad que también ha se ser sancionada (“plumofobia”).

– Lo nenaza expresa el estatus masculino entre los hombres como una cuestión de grado, donde nenaza (cagao, pringao, blandengue, planchabragas, calzonazos, etc.) se atribuye a no ser suficientemente hombre, no dar la talla, no estar a la altura. Lo nenaza supone una traición o una deserción de las necesarias prácticas de complicidad que reafirman a los hombres como grupo dominante. Junto con lo maricón, lo nenaza configura la afectividad ruda entre hombres como requisito de masculinización, de modo que el manejo de la violencia reafirma la masculinidad frente a la expresión de afectos y actitudes como la ternura, la vulnerabilidad, la debilidad, los cuidados o el pacifismo, vistas como femeninas, es decir, inferiorizantes. Lo nenaza resalta los principios de fuerza y endurecimiento que rige la masculinidad, en una clara reminiscencia de la cultura militar y de los discursos capitalistas del “yo puedo solo”, “a mí nadie me ha regalado nada” o “cada quien tiene lo que se merece”, etc.

 

PUTA MARIMACHO BOLLERA MARICÓN NENAZA
– Por tratar de despreciar o humillar a una mujer

– Andar contoneando las caderas

– Coquetear a un chico primero (iniciativa)

– Llevar ropa “corta”

– Hablar abiertamente sobre sexualidad

– Por subir fotos a redes sociales

– Tener muchos amigos (grupo de chicos, teniendo estética feminizada)

– Salir con muchos chicos

– Por la forma de maquillarse (exaltar rasgos a través del maquillaje)

– Por decir que SÍ

– Por decir que NO

– Por decir que TAL VEZ

– Cuando has tenido muchas parejas

– Cuando vas por la calle sola a altas horas de la noche

– Cuando sale con un exnovio de la amiga

– Por tener novio y acercarse a otros hombres

– Por superar a un hombre en algo

– Por follar

– Por hacer cosas a “temprana edad”

– Por coquetear mucho con todo el mundo

– Por andar sacando culo y tetas para provocar (*)

– Por perrear

– Por envidia

 

– Por ser lesbiana

– Porque no le gusten las muñecas

– Por tener músculos y abdominales

– Por tener los hombros anchos

– Porque le gusten deportes, sobre todo de combate y contacto

– Por juntarse con chicos (grupo de chicos, teniendo estética masculinizada)

– Vestir “desarreglada”, con ropa ancha, chándal, etc.

– Sudar

– Escupir

– Voz grave

– Decir groserías

– Por sentarse con las piernas abiertas y de forma despreocupada

– Pelo rapado o muy corto

– No maquillarse, no “arreglarse”

– No querer tener hijos, no querer formar familia

– Por jugar a videojuegos

– Por fumar, beber, drogarse

– Ser bruta

– Tener tatuajes y piercings

– Por no ponerse nunca tacones, ni faldas, ni vestidos

– Por tener vello corporal visible

– Por tirarse pedos y flatos en sitios públicos

– Por escuchar música con palabras fuertes

 

– Gustarle el mismo género

– Por mostrar su amor hacia otra chica libremente

– Porque se la vea especialmente cariñosa con otra chica

-Por tener voz grave o fuerte

– Por vestir prendas típicamente masculinas (ropa ancha, jersey capucha, ropa deportiva)

– Por hacer pesas en el gimnasio

– Por abrir las piernas al caminar o al sentarse

– Por tener el pelo rapado

– Por practicar deportes de combate o de contacto

– Por su manera brusca de hablar y/o caminar

– Por tener un carácter más bruto

– Por el desarrollo de su cuerpo (musculatura, anchura, altura)

– Por juntarse con tíos hetero y no con chicas

– Por jugar a deportes que están “hechos para tíos” como el fútbol

– Por sus piercings, como el septum

– Por tener carácter impulsivo, llamado “carácter de chico”

– Por liarse con un tío

– Juntarse con tías

– Forma de moverse muy expresiva

-Hablar pronunciando mucho las eses

– Gusto por el color rosa y derivados

– Cuando no te atreves a hacer algo (reto, miedo)

– Si no te gustan los deportes típicos de los chicos

– Si te pones ropa vintage, conjuntada y colorida

– Si la tienes pequeña

– Por depilarse las cejas

– Maquillarse

– Si no has tenido nunca novia

– Por meterse un dedo en el culo

– Por tratar a un amigo con mucho cariño

– Escuchar música en la que cantan mujeres

– Si escuchas a Taylor Swift o a Ariadna Grande

– Si no te masturbas

– Si te dejas el pelo largo

– Voz de pito

– Por cruzar las piernas

– Ponerse pendientes con argollas muy grandes o de otro tipo

– Si es feminista

– Porque se maquilla

– Por ser cariñoso

– Por evitar pelear

– Por no tener un cuerpo fibroso y musculado

– Porque se asusta de los otros niños (expresa miedo en vez de complicidad)

– Por bailar

– Por ponerse falda o vestido

– Por saludar con un beso en la cara a otro hombre

– Cuando se sienta en Educación Física

– Cuando se siente identificado con las mujeres

– Cuando no sabe ni dar un pase jugando al fútbol

– Cuando se mueve de manera delicada

– Cuando no sabe enroscar un tornillo

– Por no representar esa “fuerza” que se supone los hombres deben tener

– Por hacer cosas de mujeres

– Por no dar la cara en una pelea

– Por no querer pegar a alguien cuando te insultan (no defender el “honor”)

– Por no enfrentarse cara a cara a otra persona y quedarse quieto

– Por no “tener los cojones” suficientes para hacerle frente a otra persona

– Por no hacer siempre o no dejarse llevar por el entorno varonil

– Por ser “afeminado” en aspectos como el estilo, maneras de hablar, gestos, etc.

– Por tener voz aguda

– Por ser “llorica” y “miedica”

– Por no ser suficientemente hombre para afrontar problemas, huyendo de ellos

– Por no estar a la altura de las adversidades de la vida

– Cuando no puede hacer un ejercicio de fuerza

– Porque no le guste el fútbol

– Por usar un lenguaje políticamente correcto siempre

– Porque no es agresivo

– Por hablar de tíos

– Por juntarse sólo con chicas

– Por estar en teatro, danza, etc. (expresión corporal y artística)

– Por no querer beber, fumar, etc.

– No tirar la caña (*iniciativa con las chicas)

– Por ser débil

– Por tenerla chica

– Por tener una vida de mierda y no saber superarlo

– Por escuchar música “friki”

– Por tener estatura pequeña

– Por utilizar perfume de mujer

– Por dar un beso en la cara a su amigo

– Por mostrarse de manera cariñosa

– Por sentarse con las piernas cruzadas

– Por no ser lo suficientemente fuerte ni física ni sentimentalmente

– Por no quedarse hasta tarde con los amigos

– Por no estar “suficientemente” con los amigos para estar con la novia

– Por ejercer alguna profesión femenina

“¿Y qué se puede hacer?”

Este mismo taller fue realizado con varios grupos de 2º y 4º de ESO de 2018 en el mismo IES. A partir de la pregunta “¿y qué se puede hacer?” que lanzó un chico en una clase, surgió un grupo compuesto por varios estudiantes y otrxs jóvenes afines del pueblo para reunirse por las tardes en coordinación con el Área de Juventud. Ahí, aparte de profundizar sobre algunos temas tratados en los talleres, organizamos una acción comunicativa en el IES hacia el final del curso.

Para ello escribimos todos los “motivos” para el insulto heterosexista con la fórmula “Me llamaron… por…” y empapelamos las escaleras de acceso principal entre la planta baja y la primera a 3ª hora, justo antes del recreo, por lo que buena parte del alumnado tendría que pasar por ahí. Entre los dos tramos de escaleras que unen las plantas hay una plataforma en la que tejimos con hilos de colores una maraña que impedía el paso. Así, el alumnado se encontraba con peldaños llenos de insultos que conducían a una frontera que no deja pasar. El alumnado que protagonizó la acción se hacía visible debajo de la maraña de insultos y, al final, a modo de exorcismo ritual, cortaron los hilos que impiden el paso.

 

¿De qué sirvió?

A continuación presento las respuestas que el alumnado que realizó los talleres en los cursos de 2º y 3º ESO en 2018 ofreció al encontrarme con ellxs en los cursos de 3º y 4º (2019), respectivamente. Las respuestas se articulan en torno a una pregunta demasiado a menudo evitada en el sistema educativo oficial: ¿de qué te/os ha servido?:

3º de ESO

  • Reflexionar.
  • Nada.
  • No prejuzgar.
  • Identificar maltrato.
  • No reírse de las personas diferentes.
  • No cometer errores.
  • Evitar relaciones tóxicas.
  • No dejarse pisar.
  • Identificar cómo funcionan las normas de género.
  • Madurar.
  • Mejor trato con chicas (amistad).
  • Identificar una relación de violencia de género y salir de ella.
  • Identificar insultos, especialmente los que presionan a las mujeres y su vida sexual.
  • Mirar de otra forma, comprender lo diferente y a mí.
  • No ser violento.
  • Analizar el sexismo en la publicidad.
  • Que el machismo viene del pasado (dimensión histórica).
  • Identificar la violencia de la gente normativa.
  • Ver igualdad más allá de las diferencias físicas.
  • Tratar a todo el mundo igual.
  • Respeto.
  • Darse cuenta de la inconsciencia y poca información alrededor.
  • Evolucionar.
  • Manejarse mejor, identificar.
  • Empatía, ponerse en el lugar del otrx.
  • Saber identificar.
  • Hablar con más propiedad.
  • Saber respetar.
  • Conciencia social crítica.
  • Abrir la mente.
  • Comprender el funcionamiento de la LGTBIfobia.
  • Identificar machismos.
  • Ver cosas que no veíamos.
  • Tomar conciencia de la desigualdad de género.
  • Tener nuevas perspectivas sobre el amor.
  • Reforzar ideales de igualdad de género y sexual.
  • Identificar relaciones tóxicas.
  • Quererme más.

4º de ESO

  • Tener más conciencia social.
  • Ayudar ante una relación tóxica.
  • Más conocimientos sobre temas poco hablados.
  • Normalizar poder hablar en el aula.
  • Superar tabúes.
  • Reforzar ideas que ya teníamos.
  • Tomar conciencia crítica.
  • Resistir a los estereotipos.
  • Tomar otra perspectiva.
  • Darnos cuenta de que no somos tan diferentes.
  • Concienciarse críticamente.
  • Más conocimiento y personalidad.
  • Ayudar a personas maltratadas.
  • Opinar sabiendo y de forma respetuosa.
  • Aprender a respetar.
  • Tener más información y sensibilidad sobre las violencias normalizadas.
  • Cambiar de punto de vista.
  • Cambiar predisposición hacia lo feminizado.

¿Nada?

En todas estas respuestas, los “nada” pertenecen a los chicos aparentemente más normativos o simplemente provocadores. Es un nada que contrasta con el discurso de a quienes sí les ha servido conscientemente, contraste que es devuelto al grupo. ¿Cómo es posible que a unxs les sirva de tanto a otrxs de nada? Evidentemente, hay diferentes ritmos y contextos de partida, pero sobre todo, ya hay posiciones sociales, y un saber que no sirve para ganar poder para el grupo dominante puede ser visto como igual a “nada” (también para sus cómplices, aunque no pertenezcan al grupo de poder[vii]). Hay que desautorizarlo, ningunearlo, negar su necesidad o importancia.

Es esto lo preocupante de la deriva adulta y el peligro de regresión que corremos ante grupos que defienden políticas misóginas y LGTBI-fóbicas, ya sean de ultraderecha o de derechas que se dejan arrastrar hacia la ultraderecha, como está ocurriendo en el contexto andaluz y puede ocurrir ahora en otras comunidades y municipios. Políticas y discursos de la nada que atraviesan todo el espacio institucional y legitiman la irracionalidad visceral a pie de calle. Políticas y discursos que liberan sus partículas de nada mediatizando y reconduciendo el malestar social hacia el odio, el miedo y el victimismo. Ya no señalamos como responsables del malestar social a políticos y banqueros, como hicimos durante el 15M y sus secuelas, ahora los medios (propiedad de políticos, expolíticos y banqueros) han girado las tornas y producen a sus culpables entre la población más vulnerable: mujeres, LGTBI+ y migrantes. Y en este país sabemos bien que ni ‘Dios’ ni ‘España’ dejan espacio a la diferencia cuando son manejados por la ultraderecha o su rebufo de odio y miedo.

Sin embargo, cuando repasamos la utilidad expresada acerca de la formación recibida se hace evidente la necesidad y la potencia de los saberes y sensibilidades que promueven los feminismos y movimientos LGTBI+. La nada frente a la conciencia crítica. La nada frente al no dejarse pisar por ser diferente o por querer actuar libremente como mujer. La nada frente a la capacidad de identificar una relación de violencia de género y salir de ella o ayudar a una mujer a hacerlo. La nada frente a abrir nuevas perspectivas para el amor. La nada frente a la apertura mental y la madurez para aceptar lo diferente. La nada frente a la empatía, la ayuda mutua, la no violencia y la mirada crítica hacia el machismo. No, no podemos dejarles solxs ante esta nada.


[i]               Decesidad es el término empleado por Amaia Pérez Orozco para insinuar un entre del deseo y la necesidad, aunando ambas lógicas no siempre disociables, en ‘Subversión feminista de la economía’, TdS, 2014, Madrid.

[ii]              Sobre la hipocresía hetero-edadista en coeducación de Secundaria https://atorovlac.wordpress.com/2015/04/24/la-hipocresia-hetero-edadista-en-coeducacion-de-secuandaria/.

[iii]             Moral panic (pánico moral) fue el término con el que el antropólogo Stanley Cohen definió la capacidad del grupo de poder para producir una imagen de otros grupos como representación del “mal” de la sociedad, en concreto de las bandas juveniles mods y rockers. Cohen, S. ‘Folk Devils and Moral Panics’, MacGibbon and Kee, 1972, London.

[iv]             Los negacionistas del machismo, Antoni Miralles, en http://www.lapajareramagazine.com/los-negacionistas-del-machismo.

[v]              Jóvenes trans que son llamados por sus nuevos nombres tienen 65% menos riesgo de suicidio, Hector Aguirre https://elclosetlgbt.com/estilo-de-vida/jovenes-trans-que-son-llamados-por-sus-nuevos-nombres-tienen-65-menos-riesgo-de-suicidio/?fbclid=IwAR35FSlRP6f7O3Z3rTQmFtgeaO2_bJ2LS8xtNorbnCzJ0xLwYhg0vb6Yndw.

[vi]             Un artículo sobre este taller en ‘Notas para una pedagogía no confrontativa’, Álvaro Ruiz, Cuadernos de pedagogía, N.º 414, 2011 (Ejemplar dedicado a La Diversidad afectivo-sexual) https://drive.google.com/open?id=17_iT0erjKPhUDgTPeyEZknYAInJO0L69.

[vii]            “Los dominados aplican a las relaciones de dominación unas categorías [epistemológicas, perceptivas] construidas desde el punto de vista de los dominadores, haciéndolas aparecer de ese modo como naturales”, P. Bourdieu, ‘La dominación masculina’, 2000, Anagrama, Barcelona.