Ciberactivismo y masculinidades: usar las redes para llegar más lejos

Ciro Matas

Cuando pensamos en ciberactivismo nos puede venir a la cabeza la imagen de un hacker actuando desde la clandestinidad con algún fin revolucionario, bloqueo de páginas web, o la difusión de una información comprometida que pone en jaque al status quo; pero, en la práctica, es una actividad mucho menos romántica que se basa, en términos generales, en utilizar plataformas y medios digitales que están al alcance de todo el mundo para lograr un fin político. Un fin concreto al que se llega por medio de pequeñas acciones, estratégicamente planificadas.

Antes de hablar de masculinidades, hablemos un poco sobre esta forma de activismo. El ciberactivismo es, ante todo, una acción micropolítica. Es decir, una acción humana, individual o colectiva, a pequeña escala, que nace de un conflicto que por lo general las formaciones políticas no están atendiendo, o no lo hacen correctamente. Y, como respuesta ciudadana, una persona o grupo de personas deciden iniciar una acción para abordarlo, uniendo en este proceso a otras, que apoyarán y trabajarán conjuntamente en la causa.

Esta causa o fin puede ser concreto, como mejorar las condiciones de vida de las mujeres agricultoras en zonas rurales de España, o más abarcador, como acabar con las violencias machistas. Pero, ¿cómo entra aquí Internet? En calidad de herramienta. Los espacios virtuales, en lo político, no son un fin en sí mismo, sino que son un instrumento para alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto: mejorar la vida lejos del teclado. Si recuerdan la Primavera Árabe, cuando en 2011, tras largas jornadas de manifestaciones en la icónica plaza Tahrir, la ciudadanía forzó la salida del presidente Hosni Mubarak, la prensa mostró una imagen casi mística de las redes sociales, en las que el revuelo virtual había sido clave para alcanzar este objetivo revolucionario.

La realidad es que Internet fue un espacio para llamar a la movilización, pero quienes lograron la caída de Mubarak eran las personas que salieron a la calle. Por lo tanto, frente al activismo de clic, en el que la persona se limita a difundir la información, el ciberactivismo como acción micropolítica busca, como indica De la Cueva en el Manual del Ciberactivista:

“provocar en los oyentes la ejecución de acciones u otras expresiones realizativas que no solo impulsaran la difusión de la información en que la acción consiste, sino que fomentaran que el receptor realizase actos concretos de ejecución de los procedimientos propuestos por la acción micropolítica, ya consistan estos en un trabajo sobre los datos objeto de la acción, para enriquecer su contenido, ya consistan estos en una acción lejos del teclado”.

Luego en el ciberactivismo, la acción micropolítica tiene lugar tanto dentro como fuera del espacio virtual, pero siempre atendiendo a los fines que esta se propone. Ahora, podemos hablar de cómo el ciberactivismo se relaciona con las masculinidades y discutir cómo el movimiento de hombres por la igualdad puede beneficiarse de los medios digitales. Un buen punto de partida puede ser, precisamente, fijarnos en el uso que el activismo machista hace de las redes de comunicación.

El sujeto político machista que opera en espacios virtuales nace de la crisis de identidad masculina, que ha generado el avance de los movimientos feministas y LGTBIQ+, entre otros, así como de las políticas de igualdad. Donde estos hombres, que reivindican la masculinidad tradicional, se sienten víctimas de una violencia estructural que atenta contra su modo de vida. Las leyes contra la violencia de género, los matrimonios igualitarios, la puesta en entredicho de su papel de proveedores y protectores, etc. Un conflicto que alienta el paso a la acción micropolítica.

Los objetivos de estas acciones no son siempre explícitos, pero podemos entenderlos como encaminados a erradicar lo que se entiende como una violencia sistematizada hacia los hombres. Que en el campo del ciberactivismo suele plasmarse, por un lado, en acciones coordinadas de reacción ante determinadas situaciones que les indignan; por ejemplo, tras el caso de La Manada cuando diversas comunidades en línea de hombres publicaron los datos personales de la víctima como un acto de venganza por lo que se consideraba una condena injusta a los acusados. Y, por otro lado, acciones de difusión de información que, a pesar de ser cierta (altas tasas de suicidio masculino, víctimas de asesinatos, sinhogarismo masculino), se interpreta y divulga bajo un prisma machista que refuerza la sensación de opresión de los hombres.

Quizás el rasgo más interesante del ciberactivismo machista es que, por lo general, no trasciende en acciones micropolíticas alejadas del teclado, es decir, que todas estas acciones suceden a través de redes sociales, webs o foros. Son acciones que rompen el consenso existente en torno a la igualdad de género, lo cual nos revela que hay ciertos objetivos para los cuales no es necesario salir del propio espacio virtual.

Visto este panorama, ¿cómo podemos cimentar un ciberactivismo de hombres por la igualdad? Primeramente, conviene ser conscientes de nuestra condición como sujetos políticos para poder establecer los fines de nuestra acción. El hombre igualitario es aquel que entiende que su identidad de género le da la posibilidad de adquirir una serie de privilegios sobre las mujeres y sobre otros hombres, pero que para poder mantenerlos debe contraer una serie de obligaciones que tienen un gran coste para la salud y el bienestar propios y de su entorno. Y que se compromete, política y personalmente, a renunciar a estos privilegios en virtud de su bienestar y de el de los y las demás.

Este compromiso se traduce en acciones micropolíticas que tienen como objetivo erradicar las violencias de género, pero en nuestro caso, con especial énfasis en el ámbito de lo masculino, del trabajo con otros hombres. Por lo que debemos en este punto establecer objetivos concretos para la acción. Dos que me gustaría proponer aquí, para los que el ciberactivismo puede ser de ayuda, son: fomentar la deconstrucción masculina y respaldar las reivindicaciones de los movimientos feministas.

La deconstrucción es un proceso de reflexión sobre los privilegios y mandatos de la masculinidad, con la finalidad de ir progresivamente abandonándolos. Y en AHIGE, por ejemplo, disponemos de los grupos de hombres para hacer este proceso colectivamente, virtual o presencialmente. En este sentido, las redes de comunicación actúan como un espacio tanto para efectuar esta actividad, como para animar a la participación en ella, por lo que un uso estratégico de los medios y plataformas para este propósito cabe dentro del ámbito del ciberactivismo, constituye una acción micropolítica.

El segundo objetivo puede abordarse también en el locus de Internet y fuera de él, mediante el uso de espacios virtuales. Por ejemplo, si un colectivo está recogiendo firmas para un manifiesto o una demanda a una institución política, acceder a estas plataformas a firmar y difundir la acción es ciberactivismo. De igual manera que lo será el organizar o participar en una movilización en las calles, empleando las redes sociales como espacio de comunicación y convocatoria.

En definitiva, cada vez que usamos las redes de comunicación para una acción que tiene un objetivo político determinado, y participamos activamente de él, estamos ejerciendo de ciberactivistas. No se trata por tanto de una forma de activismo que les pertenece únicamente a aquellos que actúan exclusivamente desde lo virtual, sino que todos y todas podemos serlo en algún momento. Pero, para serlo de manera efectiva, sí tendremos que desarrollar habilidades que nos permitan usar las herramientas digitales de la mejor forma posible.


Bibliografía

Delgado, Lionel S. (2019). Políticas del resentimiento: el sujeto político que emerge de la rabia masculina. Diario El Salto. Recuperado de https://bit.ly/2EXv1Qo.

De la Cueva, Javier (2015). Manual del ciberactivista. Teoría y práctica de las acciones micropolíticas. Bandaàparte, España.

Reguero, Patricia (2018). Machismo digital: la bestia se organiza en red. Diario El Salto. Recuperado de https://bit.ly/2WpJZot.