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Pje. Tomás Escalonilla, 7, 29010 MÁLAGA

Hombres por la Paz.

Posicionamiento aprobado por la Asamblea General de AHIGE
Sevilla, junio de 2025

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Desde sus inicios los hombres por la igualdad (grupos, redes, asociaciones, etc.) nos hemos pronunciado en favor de la paz y contra la violencia, entendida de una manera amplia y desde la perspectiva de género, tal como dice Kaufman (1999) cuando habla de la Triada de la violencia de los hombres: contra mujeres y menores, contra otros hombres y contra uno mismo. En este sentido, el enfoque de género explica muchas de las violencias que se ejercen desde los mandatos de la masculinidad: la fuerza, el dominio, la conquista; violencias necesarias para mantener los privilegios y la jerarquía sobre las mujeres y otros hombres; y las violencias relacionadas con los costes de la masculinidad y la insana relación con el poder.

Y aunque sabemos que la paz es mucho más que la ausencia de guerra, hoy queremos traer la atención, de forma urgente, al actual contexto de rearme, marcado por el incremento del presupuesto militar a escala global, la proliferación de discursos belicistas en la esfera política y de los conflictos devastadores como la guerra de Ucrania, la del Congo o el genocidio en curso en Palestina, entre otros. Este panorama nos obliga a cuestionar las narrativas patriarcales y militarizadas que justifican la guerra y su preparación.

Las guerras no son posibles sin un ingente esfuerzo para mistificarlas, para construir un relato del otro como enemigo y un concepto de defensa militarizada. Junto a la ingente inversión realizada para reclutar, pertrechar y adiestrar fuerzas armadas, se tienen que crear las condiciones para que la destrucción y la muerte sean aceptadas y glorificadas. Se debe anular absolutamente la empatía, alienar las conductas y conseguir así deshumanizar al otro bando para destruirlo sin piedad.

Las consecuencias de las guerras son tan desproporcionadamente negativas que no existe ninguna posibilidad de defender la vida recurriendo a ellas, que ningún ejército defiende la paz como sinónimo de justicia, ya que son los sistemas de opresión, y especialmente el patriarcado, los que han precisado de la “defensa” militar para mantenerse.

Una mirada ecofeminista nos permite discernir cómo las guerras, siendo terribles para la gran mayoría de la sociedad, no son vividas de igual forma por las mujeres y los hombres. Multiplican la opresión de género que existe ya en tiempos de no guerra. Lastran a las generaciones futuras con una militarización social que penetra la cultura, reforzando el patriarcado, y la reproducción de más violencia. Y destruyen los sistemas que sostienen la vida en el planeta, acabando con el patrimonio natural y cultural.

Ejemplo de esto es la normalización de la guerra y la violencia como juego, presente de manera cotidiana en tiendas de juguetes, películas, videojuegos, música, etc. Libre para ser fácilmente consumida por nuestros hijos e hijas desde muy pequeños, y como representación de modelos hegemónicos de poder, control y dominación.

La guerra sigue siendo en pleno siglo XXI una tarea atribuida a los hombres y a una masculinidad guerrera, tomando o no las armas, estando en el frente o en retaguardia. Al mismo tiempo, el cuerpo de las mujeres sigue siendo el campo de batalla, sufriendo violaciones, trata y explotación por quienes se atribuyen su protección, mientras luchan por la supervivencia y el cuidado de sus familias.

La Historia nos ha demostrado que las guerras son evitables, incluso en circunstancias muy adversas. Pero, para ello, es necesario desobedecer el militarismo y al patriarcado, así como los roles sexistas que nos atribuyen y adjudican.

Como crimen contra la humanidad, las guerras comienzan mucho antes de ser declaradas. Comienzan aquí y ahora, en lo personal, que es político, y en nuestras mentes. Por ello, es aquí y ahora, en lo personal y en nuestras mentes “donde deben erigirse los baluartes de la paz” (como reza el primer párrafo de la Constitución de la UNESCO).

Con este escrito queremos manifestarnos a favor de la empatía y la compasión, el cuidado de la vida, la cooperación, el desarme y la no violencia. Por eso, nos comprometemos a romper con los relatos y mitos que sostienen la guerra, a no cooperar con su economía y necropolítica, y a trabajar por una cultura de paz. Esto implica apoyar a los movimientos antimilitaristas y de desarme, fomentar la objeción fiscal al gasto militar, evitar el consumo de productos y servicios de empresas que se benefician de la guerra, impulsar la educación para la paz y crear espacios de masculinidad crítica que promuevan la no violencia.

Desde esta mirada ecofeminista abogamos por una cultura de la paz y los cuidados, por la justicia social y la solidaridad intra e intergeneracional. Por sociedades que traten sus conflictos a través de la diplomacia, la negociación y la conciliación.

Por todo ello, nos posicionamos a favor de la paz y en contra de las violencias machistas, de las guerras. Atendiendo a una de nuestras interpelaciones clave “El silencio nos hace cómplices” hoy nos manifestamos con rotundidad, frente a la pasividad de muchos gobiernos e instituciones que, de esta forma alimentan “la lógica de la guerra”. Queremos seguir contribuyendo y ser parte de las redes feministas que dicen no a las guerras contra los pueblos y contra las mujeres, apoyar la desmilitarización, el desarme y la democratización de las instituciones y relaciones internacionales, así como la revolución interior pendiente que es cada hombre: una revolución no violenta.

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Aprobado por la Asamblea General
Sevilla, junio de 2025.

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