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Pje. Tomás Escalonilla, 7, 29010 MÁLAGA

Hombres por la Paz

 

Desde los inicios, los hombres por la igualdad (grupos, redes, asociaciones, etc.) nos hemos pronunciado en contra de la violencia, entendida de manera amplia y desde la perspectiva de género, tal como dice Kaufman (1994) cuando habla de la tríada de la violencia de los hombres: contra mujeres y menores, contra otros hombres y contra uno mismo. El enfoque de género explica muchas de las violencias que se ejercen desde los mandatos de la masculinidad: la fuerza, el dominio y la conquista; violencia necesaria para mantener los privilegios y la jerarquía sobre las mujeres y otros hombres; y violencias relacionadas con los costos de la masculinidad y la insana relación con el poder.

Hoy queremos traer esta mirada de forma urgente al actual contexto de rearme, marcado por el incremento del presupuesto militar a escala global, la proliferación de discursos belicistas en la esfera política y conflictos devastadores como la guerra de Ucrania, la del Congo o el genocidio en curso en Palestina, entre otros. Este panorama nos obliga a cuestionar las narrativas patriarcales y militarizadas que justifican la guerra y su preparación.

Las guerras no son posibles sin un ingente esfuerzo por mistificarlas, por construir un relato del otro como enemigo y un concepto de defensa militarizada. Junto con la ingente inversión realizada para reclutar, proveer y adiestrar fuerzas armadas, se deben crear las condiciones para que la destrucción y la muerte sean aceptadas y glorificadas. Se debe anular absolutamente la empatía, alienar las conductas y conseguir así deshumanizar al otro bando para destruirlo sin piedad.

Las consecuencias de las guerras son tan desproporcionadamente negativas que no existe ninguna posibilidad de defender la vida recurriendo a ellas; ningún ejército defiende la paz como sinónimo de justicia, ya que son los sistemas de opresión, y especialmente el patriarcado, los que han precisado de la defensa militar para mantenerse.

Una mirada feminista nos permite discernir cómo las guerras, siendo terribles para la gran mayoría de la sociedad, no son vividas de la misma manera por las mujeres y los hombres. Multiplican la opresión de género que ya existe en tiempos de no guerra y lastran las generaciones futuras con una militarización social que penetra la cultura, reforzando el patriarcado.

Ejemplo de esto es la naturalización de la guerra y la violencia como juego, presente de manera cotidiana en tiendas de juguetes, películas, videojuegos, música, etc. Libre para ser fácilmente consumida por nuestros hijos e hijas desde muy pequeños, y como representación de modelos hegemónicos de poder, control y dominación.

La guerra sigue siendo, en pleno siglo XXI, una tarea atribuida a los hombres y a una masculinidad guerrera, ya sea tomando o no las armas, estando al frente o en la retaguardia. Las mujeres continúan poniendo el cuerpo como un campo de batalla, asumiendo la supervivencia y los cuidados, sufriendo violaciones, tráfico y explotación por parte de quienes se atribuyen su protección. La historia nos ha demostrado que las guerras son evitables, incluso en circunstancias muy adversas. Pero para ello es necesario desobedecer el militarismo y el patriarcado, así como los roles sexistas que nos imponen y adjudican.

Como crimen contra la humanidad, las guerras comienzan mucho antes de ser declaradas. Comienzan aquí y ahora, en lo personal que es político y en nuestras mentes. Por eso, es aquí y ahora, en lo personal y en nuestras mentes, donde deben erigirse los baluartes de la paz” (como reza el primer párrafo de la Constitución de la UNESCO).

Con este escrito queremos manifestarnos a favor de la empatía, el cuidado de la vida, la cooperación, el desarme y la no violencia. Por eso, nos comprometemos a romper con los relatos y mitos que sostienen la guerra, a no cooperar con su economía y necropolítica, y a trabajar por una cultura de paz. Esto implica apoyar a los movimientos antimilitaristas y de desarme, fomentar la objeción fiscal al gasto militar, evitar el consumo de productos y servicios de empresas que se benefician de la guerra, impulsar la educación para la paz y crear espacios de masculinidad crítica que promuevan la no violencia.

Queremos seguir contribuyendo y ser parte de las redes feministas que dicen no a las guerras contra los pueblos y contra las mujeres, apoyar la desmilitarización, el desarme y la democratización de las instituciones y relaciones internacionales, así como la revolución interior pendiente que es cada hombre: una revolución no violenta.

Fdo.: Homes Transitant, Espacios de Hombres por la Igualdad Jaén, Centro social cultural LA NAVE Málaga, AHIGE (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género),  AHIGE Catalunya Homes Igualitaris, AHIGE Andalucía.

AHIGE-Hombres-por-la-paz-cast-cat-abril-25

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