Historia

Historia. Los comienzos

A principios de 2001, en Málaga (España), nos reuníamos por primera vez un grupo de hombres con un objetivo: hablar. Intercambiar ideas, pensamientos y sentimientos acerca de nosotros mismos, reflexionando en torno a lo que significa en estos tiempos, ser hombre. Había muchas preguntas y muy pocas respuestas: ¿qué es y qué significa ser hombre en nuestros días? ¿Por qué soy yo y somos así los hombres? ¿En qué medida nos determina el modelo tradicional de masculinidad? ¿Por qué nos relacionamos con nuestra pareja, hijos e hijas, con nuestros padres y madres de la manera que lo hacemos? ¿Por qué tenemos esta sexualidad? ¿Por qué tenemos esta relación con el poder y el estatus social? ¿Por qué la violencia? ¿Qué estamos haciendo al respecto de todo esto?

Muchas preguntas que no tenían respuesta. Empezamos a aplicarnos, a nosotros mismos, la perspectiva de género. Esto nos permitió adquirir una nueva visión de nuestra historia y realidad que nos abría muchas puertas. Siete hombres hablábamos desde lo personal y la complicidad intentando romper las barreras que se interponen en la comunicación de cercanía entre los hombres.

Sin saberlo, estábamos haciendo lo mismo que otros muchos hombres habían hecho con anterioridad: constituir un grupo de reflexión. Estos Grupos de Hombres se convierten, fácilmente, en un motor que catapulta a sus miembros a nuevos escenarios de búsqueda, de libertad y de desarrollo personal. En nuestro caso, todos hemos cambiado mientras recorríamos este camino que nos ha hecho más conscientes de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

Y así fue cómo, pronto nos dimos cuenta de algo muy importante: si queremos hablar de encontrar nuevos valores y referentes de masculinidad que estén basados en la libertad y la igualdad entre las personas, no podemos dejar de hablar de patriarcado, de injusticia, de dominación, de poder, de competitividad, de violencia… Paradójicamente, el mismo espejo que utilizábamos para mirarnos a nosotros como hombres, nos había devuelto la imagen de la injusticia que sufren las mujeres.

¿Por qué una asociación?

Al cabo de unos meses, surgió la pregunta: ¿Debemos restringir esto que estamos viviendo al ámbito privado del grupo de hombres o, por el contrario, los hombres tenemos una responsabilidad, personal y colectiva, en la construcción de un mundo igualitario? En este último caso, era necesario, crear instrumentos que facilitaran este posicionamiento social.

Ya habíamos conocido la existencia del movimiento de hombres por la igualdad, tanto en España como en el resto del mundo. Estábamos encantados de haber encontrado hombres que, con anterioridad a nosotros habían iniciado el mismo camino. Admirábamos la iniciativa puesta en marcha con el programa de hombres por la igualdad del Ayuntamiento de Jerez. También había una serie de profesionales que habían orientado su trabajo técnico a este ámbito y que hacían una gran labor. Algunos colectivos y grupos de hombres habían desarrollado actividades públicas.

Sin embargo, no había ningún tipo de organización que sirviera de instrumento y conexión entre los procesos personales de cambio y el conjunto de la sociedad y, especialmente, la población masculina. La inexistencia de tejido social en nuestro ámbito era, en nuestra opinión, una grave dificultad para la construcción de valores y referentes alternativos al modelo machista tradicional.

Esta idea se vio pronto reforzada. Al poco, en nuestras primeras intervenciones en talleres con jóvenes, comprobamos con sorpresa, que nuestros quinceañeros estaban en posiciones más próximas al machismo de sus abuelos que a un nuevo concepto de masculinidad e igualdad. ¿Cómo era posible eso? Nosotros pensábamos que las nuevas generaciones iban a estar mucho más avanzadas, habiendo incorporado los nuevos valores igualitarios.

Sin embargo, ¿Cómo iba a ser de otra manera? Mientras las mujeres llevaban muchísimo tiempo construyendo modelos alternativos al de mujer tradicional, los hombres no habíamos hecho lo propio. Así pues, nuestros adolescentes sólo tenían, en realidad, una fuente de la que beber. Y es lo que hacían, reaccionando con distancia y recelo de los nuevos valores y relaciones que les proponen.

Todo ello nos convenció, finalmente, de la necesidad de crear AHIGE, la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género. Concebida, desde sus inicios, como una experiencia de hombres igualitarios en la que se combinaban los distintos espacios de actuación necesarios para contribuir a un cambio en los hombres:

– El personal: nacimos en el seno en el seno de uno y los grupos de hombres siguen siendo, para nosotros, el instrumento básico para favorecer el cambio personal en los hombres.

– El técnico-profesional: debíamos conocer más acerca de la condición masculina y, con ello, desarrollar actividades de intervención social que favorecieran cambios en la población, tanto joven como adulta.

– El social: queríamos contribuir a la creación de nuevos modelos de masculinidad basados en la igualdad, la justicia y la solidaridad. Y queríamos que, nunca más, las nuevas generaciones de chicos no contasen con un contrapeso al machismo.