Declaración de AHIGE sobre abusos a menores

La pederastia y los abusos a menores son manifestaciones de una sexualidad y una mentalidad de dominio que responden a una actitud machista de origen patriarcal que nuestra asociación pretende cambiar con su trabajo diario y sistemático.

En todo el mundo, la realidad oculta de los abusos a menores es un drama que afecta dolorosamente a millones de personas. Estos hechos, ocurridos durante la infancia o adolescencia, conculcan los derechos humanos básicos y se convierten en un factor que impide o dificulta el bienestar de las víctimas.

El silencio de los entornos donde se dan y, por extensión, del conjunto de la sociedad no hace más que favorecer el aislamiento y la autoculpabilización de las víctimas, impidiéndoles la superación de las huellas traumáticas producidas.

Una sociedad en plena igualdad, en la que los buenos tratos en las relaciones entre las personas sean la norma, será imposible en tanto sigan dándose tales circunstancias. Por todo ello, la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE), asumiendo su compromiso y responsabilidad ante las víctimas y con el objetivo de construir una sociedad más saludable, quiere manifestar lo siguiente:

1. Que estos comportamientos protagonizados por personas adultas contra niños y niñas son y deben ser considerados como delictivos y sus responsables condenados penalmente, sin distinción de ningún tipo por razones ideológicas, de creencias o culturales.

2. Nuestra posición es, en este sentido, tajante: TOLERANCIA CERO contra la pederastia y contra cualquier tipo de abuso (sexual o no) contra menores. Se trata de defender los derechos de la infancia y los Derechos Humanos, como así reconocen diversos documentos internacionales de las Naciones Unidas y otros organismos.

3. Las víctimas de estos abusos tienen derecho a recibir ayuda, ser defendidas y protegidas por las administraciones públicas, incluyendo la judicatura, independientemente de quiénes hayan sido los culpables. El coste de esta ayuda debe correr a cargo de los responsables o, subsidiariamente, del Estado.

4. El Estado dispondrá de programas de rehabilitación para los delincuentes responsables de abusos con sentencia firme, así como para aquellas personas que voluntariamente soliciten someterse a dichos programas de rehabilitación.

5. Igualmente denunciamos otras formas de abuso y explotación sexual de la infancia, como el turismo sexual pederasta, la pornografía infantil o la prostitución de criaturas.

6. Por razones parecidas creemos que deben ser denunciadas y condenadas de la misma manera otras formas de acoso y agresión, sexual o no, como los maltratos a criaturas dentro del hogar, de las escuelas, internados, etc., y la permisividad de embarazos en menores de 15 años por sus familias, dentro de un contexto sociocultural nada propicio para su desarrollo.

7. Debe ser considerada agravante del delito la condición de las personas cuya actividad laboral les dé un fácil acceso a menores o bien que sean referentes sociales para éstos y éstas (como monitores, educadores, clérigos, etc.) y que se aprovechen de esta condición para cometer delitos de abuso.

8. Como en el resto de delitos, cualquier persona o institución (eclesiástica o no) responsable de haberlos ocultado o de no haberlos denunciado a sabiendas, debe ser considerada cómplice y ser juzgada por ello. Denunciamos, pues, el silencio cómplice que en muchas ocasiones envuelve a estas prácticas.

Queremos romper el muro de silencio que durante tanto tiempo ha envuelto estas prácticas y hacemos una llamada a la responsabilidad de los medios de comunicación para que contribuyan a hacerlas visibles y denunciarlas.

Igualmente AHIGE hace un llamamiento a otras asociaciones defensoras de los Derechos Humanos y de la Infancia para que se sumen a este pronunciamiento.

Juntos hemos de contribuir a hacer que estos comportamientos sean declarados socialmente como repulsivos y acabar con la tibieza judicial con la que se los trata en algunas ocasiones.

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Noviembre de 2010.