AHIGE: Asociación de Hombres por la Igualdad de Género
  Inicio Contactar Lista de discusión Enlaces Sala de prensa Difusión gráfica Actividades Fotos  
 
Quiénes somos
Algunos apuntes para el Encuentro, ahora que empezamos
Historia de un nacimiento
Áreas de trabajo
Contacta con nosotros
  Hombres por el Encuentro.
AHIGE Murcia.
 
 


Algunos apuntes para el Encuentro, ahora que empezamos

Una de las cuestiones más apasionantes, a nuestro parecer, del tema del encuentro de género es que promueve una intensa reflexión sobre las condiciones previas que lo sostienen. En otras palabras, si pensáramos en el machismo como si fuera una trama que alcanza hasta los rincones más insospechados de esta realidad que nos hace, ¿cuáles serían los hilos sobre los que se sostiene el machismo, cuál es la urdimbre que está por bajo (o por arriba o por entremedio o…)? Es interesante porque entonces tenemos que ponernos a hablar de cosas que aparentemente no tienen nada que ver con ser hombres o mujeres sino con las mismas maneras en las que nos situamos frente a la realidad.

Una de esos presupuestos es la división que hacemos entre los sentidos y la razón, entre lo que nuestra cabeza piensa y lo que nuestros cuerpos dicen. El modelo de poder que respalda al machismo establece un juego divisorio entre la mente y el cuerpo, entre las ideas y lo que se siente. Ha sido el machismo un discurso del tipo: “yo puedo todo lo que quiero”, una imposición de lo pensado, planificado y proyectado sobre lo sentido. Alrededor de un macho no hay iguales sino objetos de su poder (ellas) y sujetos de su competencia (ellos). Inversamente, en el otro lado, sentir significa abrirse a lo imprevisto, a la incertidumbre, a la ternura, a la empatía, a la vulnerabilidad, y a con-sentir ciertas cosas que para el machismo han sido sobre todo “mariconadas”. Todo lo que significara un detalle cuidadoso de lo material era a efectos del machismo “una pérdida de tiempo” o un síntoma de debilidad y tontería. De ahí que la estética del modelo del varón se halla definida sobre todo por la practicidad, por la funcionalidad, la seriedad, la fortaleza, la rectitud (la corbata bien planchada), el poder sobre el tiempo, sin permitir por ello un encuentro con sus antagonismos, la ligereza, el detalle, la estética por la estética, el uso del tiempo sin rentabilidad (¿será por esto que, como se comenta a veces, cuesta tanto acompañar de compras a una mujer?).

Es posible, me atrevería a pensar, que el cómo lo hagamos sea tan importante o más que el qué hagamos como grupo. Por ello, nos proponemos transversalizar como metodología de trabajo inicial, la reconciliación del cuerpo con la mente (de la materialidad y de la funcionalidad de nuestro entorno), de las sensaciones con las ideas, de la intelectualidad con la sensibilidad, eso será fundamental.

No nos apetece prudencia en este tema porque sentimos que bajo la justificación del “cuidado con los cambios” no se ha hecho casi nada. El miedo a lo nuevo nos cerca socialmente. Esta ahí, pero no conviene justificarlo.

Encuentro es alegría, claro, pero tiene también que ver con transgresión, resistencia, desobediencia. El encuentro es radical, radical sin fanatismo, porque no podemos decir sí y hacer no (esto ya sucede bastante a menudo). Decimos sí al encuentro de género porque queremos sentirlo y vivirlo, tanto como hablarlo y difundirlo.

Necesitamos repensar el mundo bajo un paradigma diferente: no tan simplista como la imagen de un empujón que quita de en medio lo que molesta. Necesitamos vernos como fuerzas emergentes que mutan cuando cambian su orientación. Nos vale más la imagen de un virus que transforma las células-obstáculos en parte de ellas mismas. Si se eliminaran esas células-obstáculos el mismo virus renovador sucumbiría.

Por ello abogamos por la transformación. No podemos decir no a la fuerza, la proyectividad, la directividad, la visión generalista, la agresividad incluso (que conviene diferenciar de la violencia), sólo por pensar que el machismo se hizo con esa fuerza, esa directividad que caracterizaba a los hombres. Ni satanizar ni sacralizar, ni en contra ni a favor sino siempre ser constitutivos e integrar para deshacer lo negativo rehaciendo lo positivo. Integrar para crecer.


 
       

Prensa

 

Multimedia

 

Enlaces relacionados

 
AHIGE (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género - C/ Peso de la harina, 14, 3º. 29007 Málaga - 95 209 51 05 - ahige@ahige.org